Serendipia | Capítulo 12: Habitación 357

Capítulo 12

Habitación 357

Desperté con el cuello torcido en una silla de hospital, afuera de la habitación 357. La sorpresiva ironía de reencontrarme con ese número me causaba náuseas, sentía que la vida estaba jugando conmigo. Tenía miedo, así no era la manera en la que se suponía que funcionaba el destino.

Camila seguía dormida a un lado mío con todo su maquillaje corrido. La noche anterior había sido su peor pesadilla. Desde mi punto de vista nada había parecido real: Camila llorando y gritando mientras sacudía el cuerpo inmóvil de su madre, su padre gritando por el teléfono y a los meseros, y yo… inútil. Al llegar la ambulancia, los paramédicos nos indicaron que solo podía subir un acompañante por lo que llevé a Camila en coche hasta el hospital. Cuando llegamos a urgencias, unos minutos más tarde, estaban intentando revivir a su madre y fue en ese momento; entre tantos gritos, llantos y desesperanza, que llegó una luz, un latido fuerte y claro.
Trasladaron a la madre de Camila a la unidad de cuidados intensivos, todos parecían estar más tranquilos, sobre todo cuando llegó el doctor. Menos yo.

-Hola doctor ¿Cómo está?- dije sintiéndome atrapado en un juego que solo la vida quería jugar.
-¡Mitra! Qué pequeño es el mundo ¿no?- contestó el mismo doctor que me había atendido hace poco más de 2 semanas.
-Sip.
-Oye, ¿cómo vas? ¿Ya apareció algún síntoma?- preguntó el doctor consternado mientras intentaba verme el oído.
-¿Síntomas de qué?- preguntó Camila.
El doctor y yo nos volteamos a ver al mismo tiempo y con la mirada le dije que se quedara callado, él pareció entender.
-Doctor, soy el esposo de María ¿nos puede explicar qué sucedió?- dijo el papá de Camila justo a tiempo.
-Por supuesto, lo que sucedió fue lo siguiente: su esposa tiene Parkinson avanzado, y supongo que toma medicamento para su enfermedad.
-Así es, Levodopa.-contestó el papá de Camila
-Por supuesto, mire, cuando se habla de pacientes con Parkinson que son tratados con Levodopa, es necesario mencionar que los pacientes pueden responder a tres perfiles. El primero de ellos es aquel a quien el medicamento le hace buen efecto pero que su durabilidad es muy corta. En el segundo caso encontramos a pacientes cuya respuesta óptima al tratamiento no les hace estar en las mejores condiciones, es decir, que a pesar de encontrarse en su mejor momento continúan sin poder valerse por sí mismos. Por último, nos encontramos con el grupo cuya respuesta a la Levodopa le conlleva sufrir otros síntomas, como por ejemplo, desmayos repentinos o asfixia. Su esposa se encuentra en el tercer caso.
-¿Eso qué significa, doctor? ¿Qué esto podría volver a pasar?- dijo Camila con lágrimas en los ojos.
– Es posible, señorita.- contestó el doctor.
Camila y yo salimos de la habitación agotados y hambrientos. Sin embargo, lo primero que dijo fue “Acompáñame” y corrió. Antes de que pudiera ir muy lejos la tomé del brazo.
-¿A dónde?- dije entre risas.
-Me tengo que tatuar.- respondió

 

Alejandra Hernández Aguirre
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