Serendipia | Capítulo 16: Brujitas

Capítulo 16

Brujitas

La palabra “bruja” en México generalmente se usa para ofender. Es un término que etiqueta a estas mujeres como seres malignos, capaces de hacer hechizos o de jugar con el lado oscuro. Sin embargo, pocas personas saben la verdadera historia de las brujas.

Cuando era pequeño, una mujer le gritó a mi madre en el supermercado “¡bruja!” y mi madre en lugar de enojarse o mostrarse ofendida, le respondió “¡gracias!”. Ya en el auto le pregunté acerca de lo que había sucedido y me explicó que muchos pensaban que ser bruja era algo malo pero que en realidad, pocas veces lo era.
-Mira amor, hace muchos años existieron unas mujeres muy sabias, conectadas con la tierra que utilizaban plantas medicinales para curarse y curar a otros. Estas mujeres se ayudaban entre ellas y juntas eran muy poderosas pero esto no le gustaba a muchas personas.- dijo mi madre.
– ¿Por qué no le gustaba a muchas personas?- pregunté.
– Pues porque a la gente no le gusta perder su poder, amor.- respondió mi madre.
-Pero, entonces ¿qué pasó con las señoras sabias?- dije intrigado.
-Pues, aquellas personas que no querían a las brujas, convencieron al pueblo de que eran malas y juntos, mataron a muchas.
-¡Que feo!- exclamé
-Ya sé, bebé. Pero lo importante es entender que hay que entender la historia para evitar que se repita.

De camino al hospital, sentía que los nervios me comían vivo. Lo único que me mantenía cuerdo era la mano de Camila entrelazada con la mía.
-Amor, seguro es solo un síntoma.- dijo mi madre.
-Sí, Mitra. Todo va a estar bien, además, ¡vas a conocer a mis hermanas!- dijo Camila estrujándome la mano.
-Ahora sí que estoy mucho más tranquilo.- dije sarcásticamente.
La madre de Camila seguía en la habitación 357, la habían internado por precaución, pero toda la familia había viajado para hacerle compañía.
Al llegar al hospital, me temblaban las piernas y mi falta de equilibrio hacia que ese pequeño temblorín se sintiera más como un terremoto. El doctor nos atendió inmediatamente.
-¡Mitra! Otra vez, qué gusto. Últimamente te veo más seguido que a mi esposa.- dijo el doctor provocando que mi madre y Camila rieran a carcajadas, sin embargo, a mí no me causó gracia.
-Doctor, escucho un zumbido y mi equilibrio… no puedo caminar ¿Qué está pasando?- dije preocupado.
-Tranquilo Mitra. Mira, lamentablemente, este es un síntoma de que el tumor está creciendo y tu nervio vestibular está intentando realizar sus funciones en un espacio reducido, por lo tanto estos fenómenos aparecen. Te puedo dar algunos medicamentos para disminuir la intensidad de los síntomas, pero no los puedo desaparecer.- explicó el doctor.
-Pero ¿cuánto tiempo falta?- preguntó mi madre preocupada.
-Mire señora, la realidad es que no les puedo decir con exactitud, podrían ser unas semanas o unos meses. Mitra, yo te recomendaría que comiences a asistir a clases de lengua de señas o intentes practicar leer los labios. Yo conozco a unas personas que te podrían ayudar.- Dijo el doctor mientras me tomaba del hombro en un gesto de apoyo.
-No gracias.- respondí. Sentía que todo mundo me tenía lástima y eso me llenaba de rabia.
-Mitra, ándale, podemos ir juntos.- dijo Camila acariciando mi mano.
-Le voy a dejar el número de la persona a tu mamá, ya tú decidirás si quieres ir o no ¿Te parece?- Asentí ante la propuesta del doctor y dejé que mi madre se encargara del resto de la consulta para poder dirigirme a la habitación 357.
Antes de entrar a la habitación, tuve que secar mis manos sudorosas con el pantalón, no quería causar una mala impresión. Camila me besó en la mejilla justo antes de girar la perilla y del silencio del pasillo, surgieron los gritos: “¡¿Es este?!” “Nada mal, Cami” “¡Cállense! Lo van a asustar.” “Yo me lo imaginaba diferente” “Fernanda, eso suena feo”.
-¡Silencio!- Gritó la madre de Camila.- Mitra, qué gusto verte de nuevo, te presento al resto de mis brujitas: Griselda, Ana Karina y Fernanda.
-Mamá, si nos presentas como brujas se va a asustar. Mucho gusto Mitra, yo soy Griselda.- dijo la hermana mayor de Camila. Griselda tenía el cabello pelirrojo y largo, además era muy alta y bonita, era justo como me imaginaba a una bruja.
– En realidad, me gusta bastante el tema de las brujas y pues por algo se dice que su muerte fue el feminicidio institucionalizado más grande de la historia ¿No?- dije sin medir la arrogancia en mi tono de voz.
-Uy, el novio de Cami es un sabelotodo.- dijo la hermana menor de Camila. Fernanda era de cabello negro y debido a su maquillaje y a su manera de vestir, parecía ser a la que más le importaba su apariencia.
-Fernanda, solo una vez intenta pensar antes de hablar, por favor.- dijo la otra hermana, Ana Karina, la de cabello más claro y dulce tono de voz.
-Tranquilas niñas. Mitra cuéntanos más de las brujas, suena muy interesante.- dijo la madre de las cuatro. Camila, orgullosa, me volteó a ver y me animó con un golpecito en el pecho, yo la besé en la frente y comencé a contar la historia.
-Bueno, en la Edad Media, existieron unas mujeres…

Alejandra Hernández Aguirre
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