No fue “decisión creativa”, ni “nuevos proyectos”, ni “todo bien entre nosotras”.
Priscila no se fue de Seis de Copas por drama externo, se fue porque el ritmo ya estaba INSOSTENIBLE. Grabaciones triples, contenido adelantado, jornadas eternas y cero espacio para ella. Todo porque el equipo se estaba preparando para dos maternidades y tuvieron que dejar material listo como si el tiempo no existiera.
¿El resultado?
No comía a sus horas.
No dormía a sus horas.
Vivía en estrés constante.
Y el cuerpo cobra factura aunque seas fuerte, productiva y empezaron los síntomas: urticaria por estrés, resistencia a la insulina, hinchazón, cansancio extremo, neblina mental. Esa sensación de estar presente pero no del todo. De vivir en automático.
Por si fuera poco, también tuvo que poner en pausa su boda y tomar distancia emocional incluso de su pareja. No por falta de amor, sino porque cuando estás agotada, no te alcanza la energía ni para lo que más quieres. (Ademas de unos pedillos por ahí que ella comenta, al igual que con el equipo de trabajo que ella tenia en 6 de copas)
Por el momento no han salido a dar ningún comunicado pero lo que si se noto es que algunas de las integrantes dejaron de seguirla… tssss y como todos sabemos es una señal CLARA pero silenciosa de que algo esta MUY PERO QUE MUY RARO.

Supuestamente aquí no hubo berrinche. Hubo límites. No hubo abandono. Hubo autocuidado.
Priscila eligió salirse antes de romperse por completo. Y eso, aunque incomode, es una decisión valiente. A veces irte no es rendirte.
Es salvarte. Y si algo nos deja claro esta historia es que ningún proyecto, por exitoso que sea, vale más que tu salud.
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