Una carta para quienes dudan de su talento

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Para ti, que alguna vez has pensado que no eres lo suficientemente buena:

Sé que hay días en los que miras lo que has creado y solamente encuentras errores. Comparas tu trabajo con el de otras personas, cuestionas tus capacidades y te preguntas si realmente tienes talento o simplemente estás perdiendo el tiempo.

Y ojalá pudiera decirte que algún día desaparecerán todas esas dudas. Que llegará un momento en el que crearás sin miedo a equivocarte, sin sentir inseguridad y sin preguntarte qué pensarán los demás. Pero quizá nunca necesites dejar de dudar para comenzar a confiar en ti.

Porque el miedo, el dolor y la inseguridad también forman parte de nuestra humanidad. Y precisamente de ahí nace mucho de lo que hace tan especial al arte.

Piénsalo: si todos fuéramos máquinas capaces de crear obras perfectas, sin equivocarnos, sin sentir y sin tener historias diferentes que contar, ¿qué tendría de interesante lo que hacemos?

El arte no nos conmueve solamente por su perfección, sino por la humanidad que encontramos en él.

Una canción puede tener una voz imperfecta y aun así hacernos llorar. Una pintura puede tener trazos irregulares y transmitir algo que ninguna fotografía conseguiría. Un texto puede estar escrito desde el miedo y terminar acompañando a alguien que se sentía completamente solo.

Y es que, aunque no siempre lo notes, cuando creas también estás dejando pequeñas partes de ti.

Tus experiencias, tus recuerdos, tus inseguridades, tus deseos y hasta esas cosas que todavía no sabes explicar encuentran una manera de aparecer en lo que haces.

Tal vez aquello que tanto intentas esconder sea precisamente lo que hace que tu trabajo sea diferente al de los demás.

No significa que debas conformarte con cualquier resultado o que no puedas mejorar. Aprende, practica, equivócate y vuelve a intentarlo cuantas veces sea necesario. Pero no confundas querer perfeccionar tu trabajo con creer que tú necesitas ser perfecta para merecer crearlo.

Porque habrá personas con más experiencia, más conocimientos o habilidades distintas a las tuyas. Y eso está bien. Su talento no desaparece el tuyo, ni sus logros convierten tus esfuerzos en algo insignificante.

Tampoco necesitas que todo el mundo comprenda lo que haces. Habrá quienes admiren tus creaciones, quienes no conecten con ellas y quienes simplemente tengan gustos diferentes. Ninguna de esas opiniones puede definir por completo tu valor como artista.

Así que, la próxima vez que sientas vergüenza de mostrar tu trabajo, recuerda que no estás presentando una prueba de cuánto vales como persona. Estás compartiendo algo que nació de tu imaginación, de tus manos y de una vida que nadie más ha vivido exactamente como tú.

No permitas que el miedo a crear algo imperfecto te impida crear algo auténtico.

Quizá esa obra que hoy consideras insuficiente sea la que mañana inspire a alguien. Quizá dentro de unos años la mires y descubras cuánto has crecido. O quizá simplemente sea una creación que necesitabas hacer para ti.

Y cualquiera de esas posibilidades es suficiente.

Con cariño, para esa parte de ti que todavía tiene miedo de intentarlo.

Guarda esta carta para cuando vuelvas a dudar de tu talento.