¿Estás a punto de conseguirlo o simplemente estás perdiendo el tiempo? Antes de tomar una decisión, considera estas siete señales.
1. ¿Estás cansada o realmente quieres renunciar?
No es lo mismo querer abandonar algo que estar AGOTADA de intentarlo. Antes de decidir, descansa y vuelve a preguntarte si todavía lo deseas. Nunca tomes una decisión definitiva en tu peor momento.
2. ¿Sigues intentando lo mismo MIL veces?
Si ya descansaste y nada cambia, quizá el problema no eres tú, sino tu estrategia. Prueba otro método, busca ayuda o aprende de alguien que ya lo consiguió. Insistir no significa repetir los mismos errores.
3. ¿Todavía depende de ti?
Puedes estudiar más para aprobar un examen, pero NO puedes obligar a alguien a quererte o contratarte. Si el resultado depende de otra persona, reconoce hasta dónde llega tu responsabilidad. No todo se consigue esforzándote más.
4. ¿Has avanzado aunque sea un poquito?
A veces creemos que no estamos logrando NADA porque todavía no llegamos a la meta. Compara dónde empezaste con dónde estás ahora. Si aprendiste, mejoraste o encontraste nuevas oportunidades, quizá sí valga la pena continuar.
5. ¿Cuánto te está costando conseguirlo?
¿Estás sacrificando tu salud, dinero, tranquilidad o relaciones por algo que ni siquiera sabes si quieres? Ninguna meta debería exigirte destruirte para alcanzarla. Pregúntate si el precio sigue teniendo sentido.
6. ¿Lo quieres o solo te da miedo haber perdido el tiempo?
Aquí viene lo difícil. Quizá ya no deseas aquello por lo que tanto luchaste, pero te aterra aceptar todo lo que invertiste. Haber dedicado años a algo no significa que debas dedicarle otros cinco. También tienes derecho a cambiar de opinión.
7. ¿Qué harías si pudieras empezar de cero?
Imagina que hoy no hubieras invertido tiempo, dinero ni esfuerzo en esa meta. ¿Volverías a elegirla? Si la respuesta es sí, quizá necesitas una pausa y una estrategia diferente. Si es no, tal vez llegó el momento de soltar.
Entonces, ¿te rindes o sigues intentando?
No todas las dificultades significan que debas abandonar, pero tampoco todas las metas merecen una lucha interminable.
Si todavía lo deseas, hay posibilidades reales de avanzar y el costo es razonable, vuelve a intentarlo. Si solo continúas por culpa, miedo o costumbre, considera cambiar de camino.
Y recuerda: no confundas descansar con rendirte, ni aferrarte con perseverar. A veces avanzar significa insistir; otras, tener el valor de elegir algo diferente.
¡Guarda este artículo para cuando tengas que tomar una decisión difícil!