Serendipia | Capítulo 7: `Mamihlapinatapai´

Existe un archipiélago en América del sur llamado Tierra de Fuego. Los nativos de ese lugar, los Yaganes, tienen el record guinnes por “la palabra más concisa del mundo”. Mamihlapinatapai significa “una mirada entre dos personas, cada una de las cuales espera que la otra comience una acción que ambas desean pero que ninguna se anima a iniciar.”

Le pedí a Camila un taxi y la acompañé a la puerta.
-Gracias por venir y por la pizza- me reí.
-Gracias a ti, me divertí mucho.- el taxi ya estaba afuera de mi casa, esperando. Nos vimos a los ojos y mamihlapinatapai. Quería besarla pero todo era demasiado perfecto ¿Qué tal si lo arruinaba? -¿Qué tal si no era lo que ella quería?

Camila, como adivinando mi incertidumbre, rió y puso su cabello atrás de su oreja en un movimiento sumamente delicado y volteo a verme como diciendo “no tengas miedo”, la tomé del cuello y al inclinarme hacia ella…
« ¡BIP BIP!» el claxon del taxi casi nos mata de un susto.

-Algo hice mal en otra vida.- dije y Camila soltó una carcajada.
-Buenas noches Mitra.- dijo mientras me daba un beso en la mejilla. Yo quedé tan embobado que solamente pude sonreír como signo de despedida.

Se subió al taxi y bajó la ventanilla. -“¡adiós!” gritó.
-¡Hasta pronto!- respondí mientras cerraba la puerta de mi casa.
Mi cuerpo era una combinación de una tristeza profunda y felicidad, quería reírme y llorar pero ninguna de las dos ganaba la batalla, solo coexistieron mientras recogía las botellas vacías y la pizza. Me sentía un Yin Yang viviente.

Al terminar de recoger, agarre un cuaderno y escribí “El inicio del fin”. Escuché las canciones favoritas de Camila y comencé a planear el primer día, Hakuna Matata. La próxima semana era semana de exámenes en la universidad y estaba seguro de que todos, incluyéndonos a Camila y a mí, estaríamos muy estresados. Así que iría a su casa, ignorando mis responsabilidades (y las suyas) por un día para verdaderamente vivir el Hakuna Matata.
Busqué el número de mi madre en mi teléfono y le llamé.

-¡Bebeeee…- dijo mi madre.
-Viv, necesito tu ayuda.- dije interrumpiéndola.
-¿Ya armonizaste tus sentimientos, mi vida? Acuérdate que el año pasado te di un cuarzo, es justo en este momento cuando necesitas…
-¡Mamá!- sabía que le molestaba que le dijera de esa manera pero era la única forma de hacer que me escuchara.
-…- la otra línea estaba en silencio.
-¿Viv?
-¿Qué necesitas, Mitra?- respondió en un tono que me hizo agradecer estar a cientos de kilómetros de distancia.
-La dirección de Camila.
-Dame 5. – y colgó.

Cinco minutos después recibí un mensaje de mi madre que decía: “Aquí esta, no haré preguntas. Calle Bahía de Acapulco #45 Col. Jardines del Bosque”.
Cuatro días después, estaba frente a la puerta de Camila, al día siguiente tenia examen de Electromagnetismo y óptica pero Hakuna Matata. Timbré y salió sorprendida.
-¡¿Mitra?!- eran las 7 de la mañana y ella seguía en pijama, aun así se veía hermosa.
-Vámonos.- le dije.

Alejandra Hernández Aguirre
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