Desde culturas antiguas se ha usado el cobre como joyería, amuleto o accesorio “medicinal”. Romanos, Aztecas, egipcios, turcos y muchas culturas lo veían como un metal especial.
¿Para qué dicen que sirve?
Hay personas que aseguran que las pulseras o anillos de cobre ayudan con el estrés, los calambres, la circulación, la artritis, la energía, la menopausia y hasta con la sensación rara de estar pegadas todo el día al celular, la compu y la tele.
Básicamente: la pulsera prometiendo más que tu ex en enero.
Pero… ¿sí está comprobado?
Aquí viene la verdad con cariño: no hay evidencia sólida de que las pulseras de cobre curen artritis, mejoren circulación o “eliminen metales pesados”. no han encontrado beneficios reales más allá del efecto placebo.

Peeero… el cobre sí es un mineral importante para el cuerpo: ayuda a formar energía, vasos sanguíneos, tejido conectivo y participa en funciones del sistema nervioso e inmune. Eso sí, el cuerpo lo obtiene principalmente por alimentos, no por traer una pulsera
Entonces, ¿vale la pena usarla?
Si te gusta cómo se ve, sí. Si te hace sentir bien, también. Si crees que te ayuda a relajarte, perfecto.
Solo no la uses como reemplazo de tratamiento médico, porque ahí ya no estamos en moda ancestral, estamos en “amiga, ve al doctor”.
¿Cómo saber si es cobre puro?
Haz la prueba del imán. El cobre puro no es magnético, así que si el imán se pega… sospecha, mi ciela.
También fíjate si con el tiempo se oxida o deja un tono verdoso en la piel. Eso suele pasar con el cobre real y no necesariamente significa que sea malo.
(No tampoco pasa nada si lo usas, ni a ti, ni tus dispositivos) Si te gusta, te hace sentir cómoda y no abandonas tus cuidados reales… úsala, a veces sentirse bonita y conectada también cuenta.