Yo no me dedico a esto como mi abuela —ella sí era bruja de las de antes, de las que no hablaban mucho y sabían demasiado—, pero crecí viendo qué pasa cuando la energía se ensucia y nadie hace nada.
Y no, no importa si crees o no. La energía no pide permiso.
La peor brujería no lleva velas: lleva envidia
Mi abuela decía algo que nunca se me olvidó: “La envidia es el trabajo más barato y el más peligroso”. No necesita rituales, solo intención. Y duele más cuando viene de gente cercana. Amigas, familiares, personas que te conocen bien. Ahí es donde entra sin tocar la puerta.
Cuando alguien te mira con coraje mientras sonríe, algo se mueve.
Cómo sabes que no es casualidad (cuando YA no lo es)
Una cosa pasa una vez, ok. Dos, todavía. Pero cuando se repite, escucha.
– Accidentes pequeños uno tras otro
– Olores raros en un punto específico de la casa
– Cosas que se rompen sin razón
– Insomnio pesado
– Dolor de cabeza constante
– Ambiente tenso, como si el aire pesara
– Mascotas inquietas
– Discusiones sin sentido
– Sensación de “algo no está bien”
Mi abuela siempre decía: “Cuando el cuerpo se cansa y la mente no entiende, mira la energía”.
No te asustes: el miedo empeora TODO
Esto es importante. El miedo alimenta lo que quieres quitar. Si haces limpias pensando “me va a ir peor”, te va a ir peor. La intención manda. Siempre. La energía se corta desde la calma.
Limpieza sencilla (la que usaba mi abuela)
Nada raro, nada extremo.
Sal NO refinada, agua tibia y un chorrito de vinagre. Te bañas del cuello hacia abajo. Nunca cabeza ni cara. Tres días seguidos. Ni uno más, ni uno menos. Mientras cae el agua, piensa en soltar lo que no es tuyo. No necesitas rezos largos. Con intención basta.
Limpia tu casa, porque la casa habla
Ventila. Barre. Ordena. Tira lo roto. Prende una veladora blanca si lo sientes. Una casa cargada refleja una vida cargada. Y no es castigo, es aviso.
La protección es silenciosa
Nunca cuentes cómo te proteges. Nunca presumas rituales. La protección se guarda, no se anuncia. (sino ellos sabrán como tumbar tu protección)
Ojo con lo que consumes
Si te la pasas leyendo historias de brujería, maldiciones y trabajos… te programas. Informarte es una cosa, obsesionarte es abrir la puerta.
La verdad que muchos no quieren oír
No todo es brujería, claro. Pero creer en una religión no te exenta de la energía ajena. Mi abuela lo decía sin rodeos: “La fe no es escudo si no hay conciencia”.
Cuídate
Escucha tu intuición. Límpiate cuando lo sientas. No vivas con miedo, pero tampoco con ingenuidad. Al final del día, nadie tiene más poder sobre ti que tú misma.
Guarda este artículo. No para vivir asustada. Sino para no andar desprotegida.