1. Tu presencia constante
Extraña saber que estabas ahí pase lo que pase, incluso cuando él no lo merecía. Tu permanencia le daba seguridad, no amor.

2. Tu capacidad de perdonar
Perdonabas lo imperdonable creyendo que era amor, cuando en realidad estabas cargando con lo que no te correspondía.
3. Tu atención incondicional
Extraña ser el centro de tu mundo, tus mensajes, tu preocupación, tu energía girando alrededor de él.
4. Tu empatía
Sentías por dos. Entendías sus heridas mientras él ignoraba las tuyas.
5. Tu silencio después del daño
No reclamabas, no gritabas, te tragabas el dolor. Ese silencio le convenía.
6. Tu lealtad
Incluso cuando te falló, tú permaneciste fiel a la idea de lo que creíste que era.
7. Cómo lo defendías
Lo justificabas frente a otros, ocultabas su verdadera cara para protegerlo.
8. Tu luz
Esa energía que iluminaba la relación y que él usó para brillar sin dar nada a cambio.
9. Tu esperanza
Extraña que creyeras que iba a cambiar, que vieras potencial donde solo había vacío.
10. Tu entrega total
Extraña que dieras todo mientras él daba lo mínimo.
Pero hay algo que no extraña… tu dolor. Y hay algo que tú ya no debes volver a perder: a ti misma.