Serendipia | Capítulo 17: Deseos de cosas imposibles

Capítulo 17

Deseos de cosas imposibles

La vida está repleta de ironías: de atletas retirados por lesión, de amor eterno convertido en odio, o peor, en olvido; de pobres que ahora son ricos y de bellezas que han perdido todo su brillo.

Mi ironía causó que dejara de disfrutar el momento y comenzara a vivir perseguido por mis propias preocupaciones. No podía negar lo que iba a suceder con mi oído ni los sentimientos que me causaba, pero tampoco podía dejar que se oscurecieran las bendiciones que seguían apareciendo en mi vida.
Repleto de sentimientos encontrados e inspirado por las canciones favoritas de Camila, escribí una lista de deseos de cosas imposibles que planeaba darle esa misma tarde.
Justo cuando estaba por terminar la lista…

-¿Qué haces, bebé?- dijo mi madre pegada a mi oído.
-¡AAAA! Viv, casi haces que me dé un paro cardíaco.- Dije mientras le daba un golpecito en el brazo. Mi madre no podía dejar de reír.
-Juro que no era mi intención asustarte, amor ¿Pues qué andas haciendo tan cautelosamente?- preguntó mientras limpiaba una pequeña lágrima de su cachete. Mi madre siempre lloraba de la risa y pocas veces de tristeza.
-Nada.- respondí.
-A mí no me engañas, déjame ver.- dijo intentando arrebatarme el papel en el que escribía.
-¡NO!- grité.- es que… es algo de Camila ¿Qué opinas de ella?
-Hijo, creo que los astros se alinearon para traerla a tu vida, es que astrológicamente es perfecta para ti y la verdad, cada vez que estoy con Camilita siento muy buenas vibras.- mientras mi madre hablaba se me ocurrió una idea bastante malévola.
-¿Te acuerdas de la vez que la amenazaste para que viniera aquí?-pregunté. Mi madre rió.
-Claro que si ¿Por?- Al voltearnos a ver, transmitimos la información necesaria para contestar esa pregunta con la mirada.
-Necesito la hora y el lugar.- dijo mi madre poniéndose seria.
-Parque metropolitano, 7:30pm.- respondí.
-Pásame mi celular.- dijo sonriendo malvadamente.

*Ring**Ring**Ring*
-¡Hola señora! Que gusto escucharla ¿Cómo está?- contestó Camila alegremente.
-¿Tienes dónde apuntar? – dijo mi madre de manera intimidante.
-¿Qué? ¿Otra vez?- dijo Camila esperando que mi madre se detuviera si no escuchaba el miedo en su voz.
-¡¿Que si tienes donde apuntar?!- lo que ella seguía sin entender es que mi madre nunca se salía de su papel, no importaba si ella era la única divirtiéndose
-¡Ay! Sí, señora. Dígame que necesita.- respondió.
-Así me gusta, apunta entonces.- dijo amenazante.

No sabía qué esperar, estaba parado justo en la entrada del parque con un ramo de rosas en una mano y la lista de deseos en la otra. Las piernas me temblaban un poco, solo faltaban unos minutos para que dieran las 7:30.

A pesar de los nervios, nunca me había sentido tan atractivo en mi vida, las flores atraían tantas mujeres como abejas; me miraban y murmuraban entre ellas, sonreían, algunas hasta me saludaban. Pero repentinamente entre tantas sonrisas, una resaltó. Camila siempre se veía hermosa, sin importar qué llevara puesto pero esta vez, me quitó el aliento. Su vestido blanco con flores púrpura se movía con el viento, al igual que su cabello. Al verme se enrojeció y corrió a darme un beso.

-¿Son para mí?- dijo emocionada.
-Mmm, que incómodo. No, estoy esperando a alguien más.- dije sarcásticamente. Camila me dio un golpecito en el brazo.
-Claro que son para ti, también te hice algo más.-le entregue la hoja con los deseos y nervioso vi su reacción al leerla. La carta decía así:

Deseos de cosas que pronto serán imposibles:

1.- Escucharte cantar.
2.- Ver películas sin subtítulos.
3.- Escucharme diciendo “te amo”.
4.- Escuchar que respondas lo mismo.

Después de un minuto, sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.

-Te amo, Cam. Yo sé que es pronto pero nunca había sentido algo así y…- antes de que pudiera terminar la oración Camila me robó un beso y terminé lleno de lágrimas ajenas en mis mejillas.
-Yo también te amo.- respondió.

 

Alejandra Hernández Aguirre
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